01/04/21

Dile a tu amante que solo se es amante si se muere por cosas inútiles, por cosas tan nimias que ni merecen ser dichas. […] Dile que el corazón, si decide acompañarte, solo tiene una opción, LATIR.

Regina & Celeste. Una Correspondencia. Ed. La uÑa RoTa. 2019

Late el corazón. Se mueven las piernas. Cuando no saben dónde van. Explotan, se dejan “no manejar”. ¿Dónde vas? ¿Voy donde voy, donde sólo puedo ir?

Ayer tenía el corazón roto. Me puse a mirar tus cartas de amor (fallo mio) y no pude sino envolverme en un aura de desolación y pena por lo que ya no está.

Mire alrededor y sólo había silencio. No el mismo silencio que había entre tu y yo. Ese silencio complice, construido. Este silencio era amargura y dolor. No tenía con qué contestarle, con qué conquistarle.

Veo tus fotos en el ordenador y me arrullo en tus miradas a la cámara. Supongo que ahí me mirabas, y ahí se quedo ese instante de amor para siempre. Una imagen de una conexión de amor congelada en pixels.

Me toco y me siento, me sorprendo. Tocarse es sano, pero pierde el misterio de dónde iran tus manos, dónde se dirigirán, cual será el siguiente centímetro de piel que rozaras con la piel de tus pequeños dedos. No sé decirte. Hacer el amor entre dos por ser entrega y por ser misterio. Es un no saber mutuo. Un caminar movidos por la pasión.

El arte es un poco lo mismo, al menos en su inicio, en su potencialidad, en su vomito, antes de ser limado, mejorado, afilado. El arte es una llama que arde y necesita más fuego. Quemar, asfixiar el oxígeno a su alrededor.

El arte necesita más fuego, más madera, hacerse grande, quemarte. No te equivoques, quiere que lo mires a los ojos. Espera devor-arte. Que sirvas como combustible para sus designios. El arte asegura un camino, pero no te dice a dónde, ni hasta cuando, ni cómo. Pero si te ofrece un porqué. O te quemas con él o la rutina te arrastrará hacia sus fauces.

He decidido quemarme, echar leña al arte, ver que pasa si le dedico más tiempo, más oxígeno. Equivocarme. Arderme. Quemarme.

Espero que un día lleguen los otros y me corrijan. Pero para eso ya habrá momento, ya habrá otro lugar.

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