04/04/21

Pulsión de vida. Pulsión de muerte. Pulsión de vida. Pulsión de muerte. Vida, muerte. Vida. Muerte. Vida.

Un espejo.

Volver a nacer. Re-nacer. Salvarse de la quema, del odio, del sinsentido.

Me pierdo en las palabras, en las certidumbres. Me pongo el sombrero de anular las capacidades del otro.

Morir, vivir, amar. Nacer, re-nacer.

No sé qué hago aquí. Quien fue Freud o Mattisse.

Me pierdo al pensar en la vida, me asusta asustarme de la muerte. Re-nacer. Pensar. Pene. Pensarse. Dejarse ir libre. Libreasociarse.

Veo a Freud y me veo. Te veo, nos veo. Me olvido profundamente. En las palabras importantes no estamos. Si estamos en las banales. Estamos en esas. En la intranscendencia. En lo repetitivo. En lo casual. “Esta mujer”. “Reventada”. “Cansadisima”. “Indagar”.

Nunca dice este hombre, o este chico. Siempre se refiere a ellos por el nombre. Pero en el caso de ellas es “Esta mujer”. No quiere acordarse de sus nombres. Los olvida, los oprime, los destierra. Quizá no quiera nombrarlo. Creo que se sienta sobre ellas. Las ignora, ellas no son nada, son una verdad incómoda. Hay una lucha de poder. Se cree mejor, se cree por encima. Hay masculinidad por encima. Querer quedar por delante. Se revuelve en su miedo y ataca. No quiere ser ignorada. Quiere ser quien ignora. Todo para mi, aquí mando yo. El animus en estado vivo. Genitales falo. Yo soy quien atraviesa, quien dice, quien pone, quien quita, quien ordena. Escucho hasta que tocas lo mio. Te acojo hasta que empiezas a ser tu. Mientras te sedan mis oidos todo esta bien. Cuando deseo tomar lo que es mío arraso. Mi verdad, mi justicia.

Otra salvaje.

Y la salvajada viene de no mirarse al espejo. Solo de mirarse al ombligo. No hay dudas, solo certezas que se convierten en verdades absolutas.

Hasta que llega la madre. La madre le dice y le hace. A la madre acude con los miedos mismos que acudía a mí. La madre a veces incluso repite la misma receta que yo le dí. Pero que venga de la madre tiene otro sentido. De mi viene de su igual, incluso de su inferior. La madre la calma, porque la madre sabe lo que está bien y lo que está mal. La madre es mayor y tiene experiencia. La madre ha construido, no solo su vida, también la de su marido, la de su hijo. La madre se ha construido y manda y ordena. La madre teje su vida y la de sus hijos como una araña. Dice que si y que no. Ella admira a la madre como no admira a ningún otro. Al padre, sin embargo, lo toma como igual y por eso se comporta igual ante la madre que el padre. Temerosa, receptiva, servil.

Ella cree que tiene todas las respuestas. Que todo en ella está bien. Que es correcto. Que su verdad es verdadera y que los demás, si tienen problemas es que no entienden su verdad. Y cuando hay miedo, se acoge a la madre. Las verdades de la madre no se cuestionan y eso está bien, porque me da algo a lo que agarrarme. Me evitan sufrir por elegir. Por ser libre. Por vivir. Para no vivir me acojo a la muerte.

Vida y muerte, vida y muerte. Vida y muerte. Pulsiones de asco y miedo. Vomitar. Vomitarte.

Ella desea ser madre, pero no lo consigue. Por que la madre dudó y de esa duda aprendió. Y ella jamás lo hace. Por eso nunca será madre. Solo hija servil. Muerte en vida.

Fotograma de “Cléo de 5 à 7” Agnès Varda. 1962.

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