05/04/21

Hago esto porque me resulta placentero dejar que sean las manos las que guíen.

Las que digan que no y que si. Las que se animen, mientan, embrujen. No soy yo quien escribe aquí, son mis manos solitarias.

Las miro y se ríen. Tanto tiempo al servicio del cerebro, del hambre, del amor. Manos que aman, atan, callan. Dicen lo que pueden las pobres. Son silenciosas pero saben alentar, mostrar su fuerza, calmar.

Toco las letras de este teclado casi como acariciandolas. A poco que las ajusto, provocan lo que son intermitencias disruptivas en el funcionamiento del teclado, terminando por impulsar eléctricamente, los valores de cada tecla sobre la pantalla.

Manos, manos quietas, móviles. Pasan los años y ellas me dicen por donde, cuentan cuantos años, sus experiencias táctiles. Bonitas. Me sale decir que mis manos son bonitas.

Mis manos resuenan, crujen, se ausentan durante la noche. No sé donde están cada mañana, simplemente de dejan llevar. Reposan.

Sobre ellas cae el tocar, de contar dónde empiezan y acaban las cosas.Memoria sensorial sincera. Pueden decir que quema, que quieren más o que ya basta. A veces se cansan de llevar. A veces desean ser acariciadas. Me gusta que sean las amantes masculinas de mis amantes femeninas. Provocan placer, así como si tal cosa. Como si fuera poco, verdad. Provocar placer, aliento, querer más. Excitar. Pasan frío las pobres y en invierno, no saben dónde meterse.

Manos, boca callada. Palabra del silencio. movimiento engarzado. Piel, uñas muertas, venas que se posan. Un poco de pelo. Manos blancas, de hueso y carne. Manos que ladran, que gritan, que ahuyentan. Manos que matan. Manos que te matan. Manos que vuelan, que cantan, que bailan. Manos que son sombras de manos. Manos que dicen aquí. Manos que dicen, “vaya por allí”.

Neon Genesis Evangelion (1995)

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