13/05/21

Sale así, como si tal cosa, del origen de las palabras, del pozo de los deseos. Se materializan según van ocurriendo, por si mismas. Pero si están será por algo, tendrán una causa. El cuerpo habla y habla mucho. Y cada vez que decimos algo, habla, cuenta. Una palabra no es más que un impulso nervioso transformado en un sonido, que a su vez es transformado en una forma dibujada que son letras. Es extraño. Es ese poder que nos hemos dado a nosotras mismas el de comunicar. El gran avance de la civilización humana. Volcar sensaciones en partículas de información. Nuestro avance se apoya en describir la realidad en esas partículas. Se debate, se conversa, se cambia el rumbo del otro por las palabras. Contamos verdades y mentiras. Decimos “te quiero” o “adios” y sabemos a qué nos referimos exactamente ¿cierto?

Últimamente trato de ser más consciente de los prejuicios/ideas preconcebidas que vuelco sobre mí y sobre los demás. Me abro a observar las situaciones, a las conversaciones, las personas con cierta objetividad que me permita erradicar los juicios y salvarlas de las etiquetas puestas por mí. Otra cosa es que alguien se declare esto o lo otro, pero en muchas casos soy yo quien se lo adjudica incluso antes de que las cosas pasen o las personas actúen y no tiene sentido alguno. Si lo encierras antes de que se defina no les das la oportunidad de ser distintos. Caerán antes o después en las casillas que ya tenías previas para los demás. Donde queda entonces el misterio o la curiosidad. Prefiero ver el mundo con ojos nuevos cada día.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *