17/05/21

Un día más, un día menos en la película de nuestras vidas.

Hoy comí mal, pero bien acompañado. Miran distinto, pero en el fondo son los mismos.

Me han tratado bien, mejor de lo que esperaba. La mente odia el cambio, lo teme. Puso al cuerpo en alerta y en alerta se quedó. Pero todo fue bien. Todo irá bien porque ya fue bien. El tiempo pasó y pasará. Vamos hacia delante pero ya todo ocurrió, ya todo fué, ya todo será. No hay ahora, solo esto que vemos porque es desde dónde podemos observarlo. Nuestro aquiahora. Es lo mismo.

Saco fotos sin medir las distancias, volcandome sobre las imágenes. Me interesa esa mezcla del material controlado, tosco que finalmente se convierte en orden, que trata de decidir dónde acaba y empieza la naturaleza. Nos acotamos, decimos, aquí esto y allá lo otro. Por aquí sí, por aquí no. Controlamos las plantas, el orden, el cómo deben suceder y cuando las cosas. Le damos un sentido, lo ocultamos, incluso hacemos como que no son. Dónde quedamos nosotros entonces, donde queda el no saber, el caminar a ciegas, dejarse llevar, caer en la deriva del sin rumbo.

No sé si me explico. Quiero hablar de la ciudad como lugar fragmentado, como simbolismo del intento de controlar sentimientos y emociones. Como explosión de color y no libertad. De orden y de imposición. De cómo la naturaleza trata de ser manipulada pero corre a su aire y cómo esa balanza entre orden y caos es en realidad una batalla perdida. La naturaleza siempre gana.

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