190321

Me desperté hace un mes y no sabía lo que ocurría. Ya no pensaba, solo sentía. Duro solo un momento, no sé cuanto, pero lo suficiente como para recibir un claro mensaje. No soy nada, absolutamente nada. Todo es cuerpo. Cuando hablo de mi piel o mis ojos no sé de que estoy hablando. No son míos. Son solo parte de mi cuerpo, igual que las manos que se mueven o el cerebro que da las órdenes. No soy nadie, soy solo cuerpo. Es más no puedo decir que soy, simplemente existo como cuerpo. La cuestión hermosa y traicionera es que este cuerpo, esta materia orgánica ordenada ha generado una conciencia más alta de si misma, hace miles de años dio lugar al lenguaje y cambió los planes de un animal para convertirse en lo que somos ahora mismo: seres con cultura.

Y de la cultura el pasado, la historia, la narrativa personal, nuestra memoria. La capacidad de tener un entorno social, de relacionarnos de manera compleja con el mundo. El lenguaje es abstracción porque nuestra mente es abstracta, compleja. Vive en un cuerpo animal, sobre una mente reptil y vegetal. Nos pensamos ¿qué? ¿mejores? ¿por encima de? cuidado con esto. Somos seres de vida que sobreviven. Con un fuerte pasado si, pero no somos los únicos. Obviamente un león o una hiena, un elefante, también tienen memoria, pasado, pero ¿tienen historia?

Una mañana de hace un mes me desperté y sentí que todo estaba ahí, que era yo y no. Que todo y nada me pertenecía. Que mis limites son los del cuerpo y es el cuerpo donde me pone aquí y allá. El cuerpo el que duele, el que siente, el que padece. El cuerpo empieza y acaba. Toca, escucha, agarra, traga agua. ubica, exaspera, dice, aquí y solo aquí estás y estás sólo. El cuerpo se conmueve.

Me desperté y sentí que por fin ya no estaba, que era libre al fin y al cabo, porque al igual que mi mente, no me pertenezco. Estoy (o debería decir, este cuerpo está) aquí de casualidad y de casualidad morirá. Todo se irá, porque en realidad no hay nada. Pero al menos mis (sus) valores se transmitirán a los que viene por detrás, a mis congéneres, a mis allegados (mis mis). Lo que haces marca la diferencia. Quizá creas que no, pero lo hace, vaya que si. Amor no es odio e intimidad no es violencia. Una canción de amor, una despedida, un adiós. Una moneda al aire.

Este cuerpo se despertó hace un mes y sintió que estaba, que era, simplemente, que no había más que lo que había y que no lo habrá. Que la palabra es un gesto electrico que se transforma en aire comprimido, que llega a otros y es releído. Se transmite como un virus, como una exhalación, como el último cartucho de una partida de balas.

Hace un año no sabía quien era, sigo (sigue este cuerpo) sin saberlo, pero lo que sé (lo que sabe) es que solo hay cuerpo, solo ahora y que al ahora nos pertenecemos. Él y yo, y gracias.

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