270121

El septiembre de nuestros jardines
(Avelino Hernández)


Este susurro del tacto en las ondas del agua. Y en la piel. Y en los vellos. Y en los frutos.
Y los goces luego, como racimos posibles.


“De los días dulces de la vida me quedan pocos”
escribió en la tarde el viejo poeta.


Y sólo se escuchaba
en la soledad de ti
el palpalar oferente de alguna codorniz enamorada


Cada generación de humanos ha tenido un
poeta que le ha cantado: Es flor de un día la juventud


Y cuando la luna abrace al fin mi cuerpo, desnudo para
ella,
pensaré en vosotros, mis comensales:
nunca llegareis a entender la amargura
de no tener a nadie para quien quitarse los pantys tras
una fiesta.


Dios no existe.
Tú y yo sí.


Cuando cualquier humano
pueda al fin preguntarse
“¿Cómo vivir?” y responderse
igual que haces tú, Julia,
cada mañana libremente.


Dame a beber en tu vientre
Al barro lo conozco
y no me miente


Sé que no me asiste ningún derecho de tenerte,
pero te quiero.


Y ahora ya que los dos sabemos
que ser o no ser
no era una cita de Shakespeare,
nos queda hacer lo que mejor hacemos:
seguir queriéndonos.


120121

Qué voy a querer:

pues lo que todos … que me quieran, que me acepten, que me hagan caso, que me escuchen. Que sepan que estoy ahí, que me elijan. Que me hagan sonar. Que me pongan. Que alguien me escriba un mensaje de buenas noches y que sueñen conmigo.

Lo normal.

Solo soy otro animal como tu.

110121

“Déjate la piel”.

Miró para otro lado y definitivamente asumió que lo mejor que podría hacer sería reventarlo allí mismo. El final más obvio y que sin embargo, sería el único que tendría todo el sentido del mundo.