29/05/21

Leo «El año del pensamiento mágico» de Joan Didion.

El libro tiene que ver con la muerte. Lo dejé a medias en su momento. Se me coló otro («Lectura fácil» de Cristina Morales) pero lo dejé de leer porque me daba pereza tanta autobiografía. Tantos viajes a California, a Nueva York. Tanto drama familiar. Tanta obsesión con el pasado propio y el revisitar el dolor del ego.

Decidí retomarlo el miércoles, dado que pretendo continuar con mi proyecto de 52 libros en 52 semanas. No sé si es un tanto obsesivo, o servirá para algo. Parece que funciona, mientras tanto.

Me sorprende el que, pese a ser un libro que no disfruté, muchas de sus partes calaron en mí. Y que a pesar de no recordar exactamente pasajes, algunas ideas se quedaron conmigo. Quizá sea eso de lo que trata leer un libro. De quedarte con ciertas partes que te tocan. Igual eres incapaz de acordarte de los detalles o de escribir una redacción sobre él un año después. Pero vienen fragmentos a la mente pasado el tiempo, cuando algunas ideas de la narrativa mental tocan puntos que tienen que ver con aquello que leíste.

La primera vez que lo leí no entendí bien por qué ese título «El año del pensamiento mágico».

La palabra mágico llamo mi atención para comprarlo, pero no hallé nada de magia en él. Puede que leyera rápidamente sobre él y por eso no lo captara. Esta vez he sido más consciente de lo que leía.

Imagino que Joan Didion es una persona racional. Fue periodista, por lo tanto, le supongo una mente que trata de ver la realidad de manera objetiva. La muerte de su marido en un instante (un instante normal, como ella insiste a lo largo del libro) descabala su vida. La destroza. No concuerda con su racionalidad.

Ella trata de analizar lo sucedido, trata de explicarselo a sí misma. Lo que ha sucedido está fuera de su control, su marido fallece por causas completamente ajenas a su voluntad (un ataque al corazón) pero eso no impide que en su subconsciente habite la idea de que ella pudo hacer algo para salvarlo y por lo tanto, carga con la culpa. Examina lo que ocurre antes y después. Los días previos, los meses posteriores. Habla con médicos, lee libros sobre la muerte. Quiere estar informada para tener control sobre lo que ocurre. Pero en el fondo solo quiere que le devuelvan a su marido. Cree que no tirar los zapatos que usaba o dejar los libros que leía donde él los dejó pendientes, le ayudarán a volver. Ahí está la magia. Ahí y en los meses de dolor y duelo que suceden a la muerte de su marido. En vivir en un estado de animo confuso y extraño. Vivir en un cuerpo que está presente pero que se empeña en revisitar el pasado, en imaginar otro futuro donde todo sea normal.


Me dice A que somos seres narrativos. Que lo cree. Ahora al escribir sobre leer libros y sobre el flujo mental, observo que es nuestra mente una máquina de juntar palabras como conceptos. Que estamos constantemente contandonos cosas. Diciendonos, recordandonos. Hablandonos. Relatando.

25/05/21 – Fin

Adquiero cierto compromiso con la escritura automática. Dejo que sea. Simplemente. La pura nerviosidad de las manos. Pulsar teclas como quien se pone a fregar platos sin mirar cuánto le queda. ¿Hay campo? Pues se corre.

Cerrar las cosas en menos de un día. Ponerles fin, mandarlas a la mierda. Acabar. Dar por terminado. Finiquitar. Terminar. Poner patas arriba. Del revés.

«Te llamé y no me lo cogiste … y ahora ¿qué?»

No saber lo que va a pasar. Andar a ciegas.

No mirar atrás. ¿Hasta cuando?

La disposición a la elegancia. La postura frente al otro.

La impostura. No saber lo que te va a pasar. ¿Te pasa o lo pasas?

24/05/21 – Midsommar.

Le debo todo al trabajo. No me gusta lo que hago, pero le debo todo. Este ordenador, la conexión a internet, este dominio. La luz de mi casa, la ropa que llevo puesta, el sofá en el que me siento. Mis zapatillas, mi pijama. La cena que he tomado, el agua que bebo.

He empezado a ver Midsommar. No sé de qué va. Pero cuando salió en cines algo me llamó la atención de su portada. Creo que tiene que ver con la luz. Con la idea de verano, quizás con el cielo. La cara de la chica, las letras escribiendo una palabra en sueco. Estocolmo. Lo que viví allí. Es un país acogedor, y a la vez distante. Es frío.

No sé qué decir. Hoy ha sido un día agotador. Llego hasta aquí con la energía justa. Volver al trabajo, ir a por Alba, volver a casa. La terapia, el yoga. M. V. M. A. A. C. un auténtico aborto. Hablé con A. Le mensajeé más bien. Me dí cuenta de cómo el aplicar un tono al iniciar una conversación consigo establecer un ritmo y un orden adecuados a lo que me interesa. Bajo la energía. Me paro. Hago que el otro se ponga a ese nivel. Lento, despacio. Que hablen de sí. No sé dónde me lleva esto pero parece que me lleva. No sé qué quiero hacer, pero me dejo llevar y está bien. El cuerpo como producto de la mente. La mente como producto del cuerpo. Mente y cuerpo. Son lo mismo, queremos creer que no, pero es igual.

Soy una persona inconstante. Hago esto para demostrarme que puedo hacerlo a pesar de ello. Me dejo llevar, me desencamino, pongo nuevas reglas y las sigo. Mis raíles que se salen de los previstos. Los ricos no esperan. Cómo olvidarte. Pasar días sin verte y saber que pasaran muchos otros más. Decirte adiós. Marcharme. Poner la vista adelante. Hacer como que no pasó nada. Vivir el momento, emocionarme. Miro por la venta y hay un grajo. Es azul, negro y blanco, me mira fijamente, creo que quiere sacarme los ojos.

Trato de hablar con A. pero A. no me responde. No sé si se ha olvidado o bien pasa de mí. Quizás la ofendí. Quizás está mal. Quizás está bien, metida en sus asuntos. Y a mí qué. A. era mi amiga, pero ya no lo es. Ahora va a su bola. Peor para ella. Yo me valgo por mí. Cuando quiera, ya sabe dónde estoy.

Estoy muerta.

Me voy a dormir.

‘Space², Providence, Rhode Island’, Francesca Woodman, 1976

23/05/21 – Empezar requiere miedo

Se trata de dejarse llevar.

De crear un nuevo orden. Despistar a las normas y hacer como que no oyes a la voz crítica que te dice «no lo hagas» o «¿quien te crees que eres para hacer esto?» . Se trata de darle una patada en la boca a la dirección única y esperada. Cagarte en la vergüenza y reírte de tus limitaciones. Darte permiso, suena raro, porque no debería haber permisos. Quizás sería mejor decir, hacerlo y sentir que pasa con lo que te pasa. Decirte, lo hago y aunque lo que sienta no me vaya bien, lo hago igual. Igual ese no sentirte bien también te dice algo y no necesariamente debe ser «no lo hagas más». Empezar requiere miedo, incertidumbre, desasosiego, y eso a la mente no le interesa.

No quiere perder los papeles, salirse de su rinconcito, de su cueva donde todo está en su sitio.

Fuera hace frío, pero hay fruta sagrada. Y tu no te quieres quedar sin fruta. O a lo mejor resulta que vas y la pruebas y te das cuenta de que esa fruta no era para tanto. Pero en el camino te encuentras con alguien con quien no contabas. O descubres una nueva cueva, o una nueva fruta. Pero tú ya te has comido la fruta y han pasado cosas. Has pasado a otro lugar, te has situado en otro yo. Mientras no lo haces sigues detenid@ en el mismo yo.

A veces cuesta, pues claro que cuesta, porque llevamos tantas piedras en el bolsillo, tantas miradas ajenas que hemos hecho propias, que deshacernos de ellas nos puede llevar años, incluso requerir ayuda de otr@s.

Igual puedes pasarte la vida entera en ese yo. Se me ocurre que los hinduistas quizás pensaban que precisamente eso es lo que no rompía la rueda de las encarnaciones. Quizás no tener buen karma tenía que ver con no escucharse. Y vivir de nuevo con volver a pasar por el examen de la vida.

Qué sé yo.

Ayer veía la película sobre el pintor inglés Francis Bacon, «El amor es el demonio» y en un determinado momento dice algo así como «Si tuviera vergüenza, no podría ser artista, poeta».

Pues eso.

22/05/21

Hoy es tu cumpleaños. No puedo evitar pensarlo cada vez que sucede. Es irrepetible. 42 años ya. Numero mágico. El número del sentido de la vida. Me canso de contar los años que han pasado sin que nos encontremos. Creo que ya ha pasado suficiente tiempo como para dar nuestra relación por muerta. Ya no somos nosotros, no somos nosotras. La verdad, nunca te eché de menos, quizás al principio. Pero te sigo pensando. En la inocencia del primer amor, las palabras que se nos escapaban. Me gustaban tus labios, eran suaves y finos y nuestra forma de besarnos, de alguna manera, nuestras bocas encajaban. Supongo que nos alejamos porque crecimos, cambiamos, por que así es la vida. Y no pasa nada. Me gustó estar contigo, pero ahí quedó la cosa.


Quiero escribir desde lo incómodo, desde una posición no solo mental de no saber qué voy a vomitar (dejar que las palabras crezcan solas) sino desde una incomodidad física. Sentada en el borde del sofá, con el cuello dolorido y las manos cansadas. He dormido poco, pero bien. He leído a Regina y Celeste. Ya casi estoy acabando el libro, aunque decir casi es mucho decir porque restan 50 páginas, y lo que en un libro de 620 es casi, en otros es el libro entero. Me parece que más que quedarme con frases concretas, cuando recuerdo un libro tengo como sensaciones, de por dónde me ha llevado, qué me ha hecho sentir. Supongo que ese es el viaje de cada libro, de cada historia. Ponerte en la cabeza de otra persona, en su realidad. No podemos escapar del cuerpo, huir de «él», así que, para hacerlo, para cubrir esa necesidad de desconexión, supongo que inventamos las historias, en forma de libro, de canción, de imagen, de poesía, de cuadro. De arquitectura, de barro, de palabra. De sonidos. Contamos para contarnos. Para que fluyan las sensaciones y no se queden dentro. Mola ser humano. Me ha gustado. Hay una especie de pozo metido dentro de cada una de nostras. Bajamos a por el agua a cada momento, a ver qué hay, qué trae, que subimos. AHÍ ESTÁ EL TESORO, lo que ocurre es que en muchos casos, no nos fiamos del pozo, porque se sale de lo que manda lo grupal, lo convencional, lo «normal» y así nos deshabitamos.


Quiero guardarme de las normas y ponerme al servicio de las intuiciones. Fluir, huir. Dejarme llevar, hasta donde me deje. Dice monoperro que tengo talento. No yo como yo, sino yo como persona, una persona que está escribiendo a golpe de tecla en este teclado de este ordenador que alguien una vez ideó y que después mandó construir en China, de donde vienen casi todas las cosas. Mi pijama o mis calzoncillos. Igual que este portatil, diseñado en California, ensamblado en China (así, como si esa pequeña palabra pudiera describir la geografía completa del país más poblado del planeta). China como idea, como moderación, como crecimiento, como norma de lo cutre. «Es de los chinos», como si fueran cutres o pobres. Mientras inventan vacunas, producen para todo el planeta, envían cohetes al espacio, hacen crecer su economía desmesuradamente. China como almacén, como creador, como enemigo de lo bueno, de lo bien hecho. China como lo cutre, el anverso de lo europeo.


Hago esto (escribir como una loca) porque siento que debo hacer algo, me mueve la sin razón. El querer sentir en mis entrañas el movimiento de lo absurdo. El querer queer. Mover montañas, andar ríos, nublar los cielos. Poner la mente a desnudarse, joder. El aparato digestivo tomando el control de los dedos, del aire, la energía que recibimos. Samastiki. Prana.


Prana

21/05/21

Ingreso en una ciudad que no para de repararse.

Me crezco, creo en las verdades del barquero, en las tantas y tantas veces repetida «¿quien te has creído que eres?» La suma de nuestras vergüenzas.

He pensado en ti al llegar a casa. En tus lágrimas inocentes al saber que nuestra historia se terminaba. A pesar de tu edad y de tu tamaño, no dejas de ser un chiquillo en un cuerpo grande. Me sabe mal estar tan lejos de ti. Eres una persona amable, metida para adentro, a veces tanto quien hay al otro lado. Es tal tu bondad que deslumbras a los que pasamos cerca de ti. La cuestión es que desconocemos tanto de tus inquietudes, tus dudas, tus miedos, tus deseos, que cuesta saber quien eres. ¿Qué hay debajo de esa capa de constante servicio y amabilidad hacia los demás? ¿Qué se esconde tras la sonrisa aciaga, la entrega del tiempo al cuidado, la perdida de la iniciativa por el cuidado propio? Sé que estás ahí teniendo en cuenta nuestras necesidades, pero ¿cuando empezarás tu a cuidar de ti?


Llegó a una ciudad que le era conocida, pero que de alguna forma la había expulsado de ella. Se empeñaba en recordarla, como quien rememora una melodía, pero el lugar solo le devolvía golpes. A pesar de sus esfuerzos por pasear por aquellas calles que un día habían sido su casa, todo y nada había sufrido cambios. Lo que antes era amable ahora se había vuelto hostil. Incluso las caras de la gente, antes sonrientes y gentiles estaban ahora llenas de asco y desconfianza. El azul y el verde se habían tornado gris zafio, en una mezcla de desilusión y desesperanza que nadie alcanzaba a pensar cuando había comenzado y muchos menos a imaginar que aquello podía terminar.


Las torpes ideas que lo acompañaban no hacían sino atolondrarle la cabeza, su mente era puro olvido, sin saber a qué agarrarse, donde encontrar el sentido que una vez fue su vida.


Un día me iré y todo esto dejará de doler tanto. Basta ya de canciones inútiles, de esperanzas bobas y de mentiras de por vida. Entérate bien porque solo te lo diré una vez: Te odio. Te odio tanto que no cabe en un planeta el asco que te guardo. Es tal mi rencor, que mi muerte no será descanso sino hastío. Púdrete, sin vergüenza.


Keyboard by Shintaro Kago

19/05/21

Mañana toca un día nuevo, volver a esforzarse. Poner cara de que uno sabe lo que hace, aunque en realidad no tenga ni idea. Hago como que se, pero se menos de lo que parezco que sé. Me busco la vida. Siempre lo he hecho. De una forma u otra salgo adelante. Miro aquí o allá, pregunto, pruebo, me equivoco. A veces me cuesta, pero al final, lo saco.

Me cuesta pero lo saco.

Es igual que esto. Es jodido dedicarle aunque sean 20 minutos al día a sentarme aquí a escribir. Y eso que no tengo un guión, ni un orden, ni siquiera unas líneas premeditadas. Solo dejo que sean los dedos los que me guíen.


Mis manos se quieren, la una a la otra, se hacen compañía, se cuidan, se rozan suavemente la una a la otra, se resguardan. Por las noches parecen morir y por el día me arrastran de una tarea a otra. Parecen ser invisibles, pero sin ellas que sería de mí.


Veo las líneas invisibles que trazan nuestros mundos.

A pesar de estar lejos, nos vemos en el espejo cada vez que nos ponemos frente a él. Yo te veo a ti, tu a mi. El reflejo de una es la ausencia de la otra. Allí donde estabas no estoy, allí donde estoy, no estás. Pero tu nombre suena aquí igual que ayer.

Ya no somos los mismos y no lo pretendemos, pero todo está bien, es como debe ser. Las cosas se pusieron feas y sin embargo ahora, parece que brillan de nuevo, con otro color. Verde Esmeralda, Amarillo fuego. La alegría del cambio, mirar atrás con ternura.


Salgo adelante una y otra vez, me salvo de milagro. busco soluciones, avispas. Miro en el espejo y no estás, pero estoy. Me gusta lo que veo, y lo que veré. Hay naranjas por todas partes, y eso está bien.


Sé que la mirada fina de nuestras dulzuras no para de ser complice de nuestro pasado.

Pero, ¿acaso hay algo más amable que esto?

Una voz en la ternura.


Me toco y te tocas.

Silvame. Parame el tiempo, desgraciada.

HAZME TUYA, perra.

Tocame los puntos sensibles. Auyentame. Echame el aliento a menta de tus chicles desgastados. Arrastrame a tus pies. Quiero tus manos dentro de mi vientre, quiero ser el olor de tus zapatos. Ponme donde me merezco estar, nada más que a tu regazo. Veo tus manos caer sobre mi y solo puedo dejar de ser. Se me enquista este deseo poderoso, lleno de costras y mentiras, pero valiente y verdadero. Suturame, coseme a mordiscos, enclaustra mi carne en tu carne.

18/05/21

Hay veces que no llegas y no sabes por qué. Quieres, deseas, ansías. Lo ves claro en tu mente. Pero por alguna razón no te lo permites. Quizás es que no es tan importante o que no lo quieres tanto para dejar lo que tienes.

Me permito sin embargo no mirar atrás. Caminar sin descanso. Al frente y a los lados, pero no atrás. No sé si esto es bueno, para quedar una más libre de lo que pueda cambiar o malo, porque lo mismo pierdes la pista. En fin, que andas y no te cansas.

Me preguntaba una compañera qué era el vídeo de ayer y yo le digo que «un paisaje urbano». Supongo que es una manera de simplificar. Igual quiero revestirlo de palabras que se envuelven a sí mismas, y en realidad no es más que eso. La mirada sobre el paisaje construido. De alguna manera, deseado, razonado, premeditado. Claro que no todo en el tiempo. Me apunto esta idea de paisajes que comenzaron siendo otra cosa. No puede ser de otra forma. Una ciudad es un ente en construcción, vivo. Se proyecta hacia el futuro, con un alto grado de incertidumbre. A la ciudad se le da un esqueleto, se imagina perfecta. Con sus limpias calles, sus coches relucientes, paseantes felices en familia. Arboles en perfecto estado. Pero el mundo es caótico e imperfecto. La cultura impera, el tiempo desgasta y la lluvia mancha. Hay gente que tira basura fuera. Niños que escupen, coches que golpean las aceras. Flores que crecen en grietas inesperadas. Un negocio que se cierra. Perros que se cagan o que los dejan cagar. Babas. Oxido en los bancos, flores que se secan. La bolsa de palomitas tras la merienda en el parque. El guante del niño que olvidó tras los juegos. Tierra que viene de lejos, cesped seco. Arboles que se parten. Edificios que pierden su color, que se pintan de nuevo. Anuncios rotos, nuevos. Pasan de moda. Una parada de autobus donde no había nada. El paso de peatones recien estrenado. El asfalto abierto. El sol relumbrando en el suelo en Agosto.

Lo veo.

Es la ciudad imperfecta, la que se trata de controlar y no se puede. Porque la ciudad está vivida y la vida implica la muerte. La muerte de los planes, de lo previsto. Se parece a lo imaginado pero no es tal cual.

17/05/21

Un día más, un día menos en la película de nuestras vidas.

Hoy comí mal, pero bien acompañado. Miran distinto, pero en el fondo son los mismos.

Me han tratado bien, mejor de lo que esperaba. La mente odia el cambio, lo teme. Puso al cuerpo en alerta y en alerta se quedó. Pero todo fue bien. Todo irá bien porque ya fue bien. El tiempo pasó y pasará. Vamos hacia delante pero ya todo ocurrió, ya todo fué, ya todo será. No hay ahora, solo esto que vemos porque es desde dónde podemos observarlo. Nuestro aquiahora. Es lo mismo.

Saco fotos sin medir las distancias, volcandome sobre las imágenes. Me interesa esa mezcla del material controlado, tosco que finalmente se convierte en orden, que trata de decidir dónde acaba y empieza la naturaleza. Nos acotamos, decimos, aquí esto y allá lo otro. Por aquí sí, por aquí no. Controlamos las plantas, el orden, el cómo deben suceder y cuando las cosas. Le damos un sentido, lo ocultamos, incluso hacemos como que no son. Dónde quedamos nosotros entonces, donde queda el no saber, el caminar a ciegas, dejarse llevar, caer en la deriva del sin rumbo.

No sé si me explico. Quiero hablar de la ciudad como lugar fragmentado, como simbolismo del intento de controlar sentimientos y emociones. Como explosión de color y no libertad. De orden y de imposición. De cómo la naturaleza trata de ser manipulada pero corre a su aire y cómo esa balanza entre orden y caos es en realidad una batalla perdida. La naturaleza siempre gana.

16/05/21

Tengo miedo ¿y qué?

Tengo miedo ¿y qué?

Tengo miedo ¿y què?

Me propongo leer 52 libros en 52 semanas.

La lista está por completar, pero de lo que tengo a mano a vuela pluma:

  • Celeste & Regina – Una correspondencia
  • El misterio de la creación artística – Stefan Zweig
  • Plataforma – Michel Houllebecq
  • La montaña mágica – Thomas Mann
  • La vegetariana – Han Kang
  • Lolita – Vladimir Nabokov
  • Yo soy el monstruo que os habla – Paul B. Preciado
  • Guerra Interior – Angelica Lidell
  • Ordesa – Manuel Vilas

Llegarán más, llegarán menos, quizás. Me echaré las manos a la cabeza quizás con esta inquina que suele acecharme cuando me propongo algo a lo largo del tiempo y no, no lo consigo.

Hace poco me sentía bien y ahora mal, soy una especie de barco a la deriva. Lo único que puedo decir es que de vez en cuando consigo cerrar los ojos y ver la tormenta desde la distancia, ya no estoy cautiva en la barca, al acecho de las inclemencias del tiempo. Hay días, cada vez más, que siento que veo la escena desde fuera. Consigo deshacerme, olvidar que existe ese algo que en mi cabeza estoy formando, esas dudas, esa dualidad. Me aparto de ella, me pongo a distancia. La miro y la siento, la olfateo, la huelo, dejo que se acerque a mis ojos, me mire y me amenace. Simplemente gruñe, ladra. Pero yo la miro, la observo. Me fijo en su rabia y en su ira y en poner distancia. Soy yotra cosa, no soy solo que siento solo la atención que pongo. Y esto no significa en absoluto que consiga siempre dar este salto de conciencia. Pero estoy en el camino.

SOy otra

Soy otra

Soy

Mi brújula se mueve para todas partes. No sabe distinguir el norte del sur. No tiene las ideas claras, no sabe para dónde ir. La felicidad ¿está en uno? ¿está en conseguir? ¿en el andar? ¿en mirar y no desfallecer? ¿en andar? ¿en hacer? ¿se llega a algún lado sin saber hacia dónde se va?