29/06/21

Otra vez aquí, al borde del piano

al borde del abismo

sin saber lo que viene después

solo la ligera esperanza de creer que brotará algo grandioso, feliz, eterno.

La fragilidad tenebrosa del encuentro con uno. El placer de no saber, de andar descalzos en la piedra.

Solo queda la muerte al otro lado, y por lo tanto, merece la vida intentarlo.

Los otros ya lloraron en su plato lleno de plata. En los lingotes de oro pesados arrastrados del cuello.

La libertad no pide nada, es sutil, amable, sencilla. es un collar dorado que solo tú puedes sentir.

La mayoría de las veces ya lo hacemos, caminar con los ojos cerrados. Nos agarramos a la rutina, a las direcciones conocidas, a las palabras que siempre nos echan una mano para salir del paso, evitar nuestro dolor, nuestro sin sentido. Y sin embargo ahí está la muerte, en el no saber sabiendo que un día tras otro espera el mismo destino. Conocemos el borde del camino y sin embargo, nos cuesta tanto cruzarlo. Es ahí precisamente donde crecen las flores, en la linea que separa el asfalto del campo. Fragiles, pequeñas. Se abre la vida camino entre la piedra negra y la brea. Fantástica, inocente e impredecible.

¿Si puede una flor, acaso no podremos nosotros?

02/06/21 – me salgo


Me dejo llevar al fondo

Cuanto cuesta crecer.

Sólo tu.


Las cosas que se quedan por contar y por decir. Sacar las cosas a la luz. Ponerle pegas. Saltar de lado y caer de pie. Vengarse del silencio, gritar de nuevo “BASTA!”. Callarse ante la peor opción. Caminar descalzas por la acera, llena de pinchos. Caerse. Deslumbrar, parir. Decir “vete a la mierda”.