24/05/21 – Midsommar.

Le debo todo al trabajo. No me gusta lo que hago, pero le debo todo. Este ordenador, la conexión a internet, este dominio. La luz de mi casa, la ropa que llevo puesta, el sofá en el que me siento. Mis zapatillas, mi pijama. La cena que he tomado, el agua que bebo.

He empezado a ver Midsommar. No sé de qué va. Pero cuando salió en cines algo me llamó la atención de su portada. Creo que tiene que ver con la luz. Con la idea de verano, quizás con el cielo. La cara de la chica, las letras escribiendo una palabra en sueco. Estocolmo. Lo que viví allí. Es un país acogedor, y a la vez distante. Es frío.

No sé qué decir. Hoy ha sido un día agotador. Llego hasta aquí con la energía justa. Volver al trabajo, ir a por Alba, volver a casa. La terapia, el yoga. M. V. M. A. A. C. un auténtico aborto. Hablé con A. Le mensajeé más bien. Me dí cuenta de cómo el aplicar un tono al iniciar una conversación consigo establecer un ritmo y un orden adecuados a lo que me interesa. Bajo la energía. Me paro. Hago que el otro se ponga a ese nivel. Lento, despacio. Que hablen de sí. No sé dónde me lleva esto pero parece que me lleva. No sé qué quiero hacer, pero me dejo llevar y está bien. El cuerpo como producto de la mente. La mente como producto del cuerpo. Mente y cuerpo. Son lo mismo, queremos creer que no, pero es igual.

Soy una persona inconstante. Hago esto para demostrarme que puedo hacerlo a pesar de ello. Me dejo llevar, me desencamino, pongo nuevas reglas y las sigo. Mis raíles que se salen de los previstos. Los ricos no esperan. Cómo olvidarte. Pasar días sin verte y saber que pasaran muchos otros más. Decirte adiós. Marcharme. Poner la vista adelante. Hacer como que no pasó nada. Vivir el momento, emocionarme. Miro por la venta y hay un grajo. Es azul, negro y blanco, me mira fijamente, creo que quiere sacarme los ojos.

Trato de hablar con A. pero A. no me responde. No sé si se ha olvidado o bien pasa de mí. Quizás la ofendí. Quizás está mal. Quizás está bien, metida en sus asuntos. Y a mí qué. A. era mi amiga, pero ya no lo es. Ahora va a su bola. Peor para ella. Yo me valgo por mí. Cuando quiera, ya sabe dónde estoy.

Estoy muerta.

Me voy a dormir.

‘Space², Providence, Rhode Island’, Francesca Woodman, 1976

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