30/03/21

Me pruebo a escribir. Me pruebo a tocar. Me pruebo a tocarme. Me parece que no sé muy bien hacia donde, pero es el camino que es. Ayer conversaba con mi analista sobre el sueño en el que perdía un cinturón. “Algo que te ate” me decía. Quizás tengo esa sensación de tener las piezas de mi vida como un puzzle desarmado. No desordenado, sino simplemente desconectado. ¿Falta una base? No lo sé, puede ser. Pero que la base no signifique el fin del deseo, de ponerme a servicio de los deseos del “otro”.

Me pongo a escribir y escribo sobre lo que veo, lo que observo, delimitada por mis sentidos. Llega mucho pero me quedo sólo con lo que me interesa. El me en el centro de todo. Debo ser consciente del otro sin que me arrolle. El me está por todas partes. Me me-o.

He decidido documentar, escribir sobre esto mismo, lo observado, lo ocurrido, lo sentido, lo dolido, lo amado, lo tocado, lo visto. Documentar el proceso de vivir, de estar en el mundo. Es la excusa perfecta, el crimen ideal. Documentar.

Propongo escribir de manera continua, con este sentido de dar la oportunidad a lo que pasa de quedarse de alguna manera. Compartir lo que pasó. Me pasó. Nos pasó. Porque supongo, espero y deseo que la experiencia para el otro ( o la otra), si bien no sea transferible, sea comprensible. “A mi tambien” diría. Entonces los mi-me se convertirian en nos.

“Veo mucho paisaje” le dije a Marcos. “No solo hago fotos, escribo y dibujo, como trabajo”. “Quizás deberías recoger ese guante y ver qué hacer con él”, me responde.
Veo paisaje y veo plantas. Plantas que están, que ven pasar, no se mueven pero están. Mi mundo entero era el de los fantasmas. Mi vida era fantasmática porque los deseos no se hacían. Imaginaba la vida en una atmosfera real. Lo que tocaba estaba ahí pero no era real. Al cambiar, el mundo se está haciendo sólido, pero está en proceso, aún no se puede atar, no toco el suelo. Aún estoy “en el aire”.

Aterrizar, supongo, es decir hasta aquí. No seguir más allá. Tocar base, suelo firme. Tierra. Y entonces cambiar el vuelo por el camino. Volar es quitar una dimensión al caminar.

El valle de la sombra de la muerte – 1855 – Roger Fenton

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